Posteado por: Gayskeptic | julio 17, 2009

Billy Jean is all on Fire…

¡Al fin es viernes! Ya con el seso puesto directito en la película nueva basada en el libro viejo de Harry Potter, me detuve a ver las noticias y apenas me entero que hay nuevo video de aquel auncio de Pepsi en el que Michael Jackson terminó incinerado.

Resulta intrigante ver el video básicamente porque LaLoca Jackson no deja de bailar aún cuando su cabeza parece la antorcha Olímpica bajando por la escalinata del pebetero. La escena me recuerda a las tachadas del tariler del Living en el desfile del Orgullo de este año. Con todo y la granizada, las musculocas seguían en friega bailando, aún cuando ya no había música y había amenaza de rayos truenos además de la furia del inexistente.

¿Es profesionalismo? Quizá, pero dudo que un mortal normal no se dé cuenta de que su pelu.. digo, cabello está en llamas y más cuando éstas llegan al cuero cabelludo (que en aquel entonces todavía era negro). Más bien creería que Jackson ya era adicto a alguna cosa desde entonces.

¿Porqué digo esto? La razón es que el consenso mediático es que este incidente fue el disparador de todas las adicciones y cirugías plásticas a las que se sometió durante el resto de su vida.

Puede que las cirugías si. Alguien que depende de su apariencia pública necesita conservarla en el mejor estado posible. Pero, ¿Las adicciones? ¿Cuántos de nosotros no nos hemos fracturado, quemado, cortado o estado involucrado en un mal accidente? ¿Cuántos de nosotros terminamos haciéndonos adictos a mediamentos de receta médica a consecuencia de ello?

La adicción definitivamente tiene una componente fisiológica fortísima. En caso de ser necesario nos sometemos al uso de un analgésico fuerte, pero la mayoría en cuanto deja de ser necesario, terminamos su uso. ¿Qué ocasiona que unos más sigan medicándose como si en verdad lo necesitaran?

Hay montones de teorías, en wiki hay un buen artículo al respecto, sin embargo dado que no todos nos hacemos adictos a la misma cosa, debe haber también un verctor psicológico al respecto.

A final de cuentas es bien padre decir que el ser alcohólico (o adicto a cualquier otra cosa) no es producto de una debilidad del carácter personal, sino “una enfermedad”. A final de cuentas, como en el caso de la mayoría de las enfermedades, no es “mi” culpa, simplemente me enfermé y ya.

Todos somos responsables de nuestros actos y or ende somos dueños de sus consecuencias. Ni Jackson ni nadie puede decir que terminó, muerto, en la cárcel, en el hospital, divorciado o casado porque fue víctima de una enfermedad.

A final de cuentas el nombre del juego es responsabilidad y claramente, no todos estamos equipados para jugarlo correctamente.

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